ES NECESARIO LA PREDICACION DEL EVANGELIO






Se me hace necesario hablar del Evangelio que nos muestra la Biblia y no el de los hombres. El Evangelio que nos muestra como debemos vivir delante de Dios y los hombres, el que nos dice que debemos morir y vivir para Dios, el que nos habla de hacer solo una voluntad; la de Dios el Padre, y no la "nuestra" como algunos dicen. El que nos guía a la imagen de Jesucristo, sin la cual, nadie será salvo, el Evangelio que nos muestra como debemos estar pegados en Jesucristo y no atado a lo de este mundo el que nos ha quitado la venda de los ojos y no el de la ceguera producida por los sueños personales. En fin, tengo necesidad de hablar y predicar a Jesucristo crucificado para que entiendan los hombres que este Evangelio, no es para satisfacernos a nosotros, sino a Dios, pues hemos muerto a todo lo que fuimos para volver a nacer solo con la finalidad de ser, vivir, existir única y exclusivamente para Dios.



miércoles, 17 de octubre de 2012

La voluntad de Dios


                                                                                
 
El término es amplio, ya sea en hebreo o en griego, hay muchas palabras refiriéndose a voluntad (hebreo, ratsòn, nadàb, kjafèst, kèfest, - griego, boùlema, boùlemai, boùle, jecòn), en ellas, se repiten algunas acepciones como: deseo, querer, deleite, propósito, entre otros.

Ahora, la Biblia nos muestra desde el principio, que Dios ha manifestado su voluntad a los hombres, desde Adán en adelante, siguiendo con Abel y Caín, , luego, Noé, Abraham, Jacob, y así hasta llegar a la manifestación de su Hijo, el Verbo hecho carne.

Podemos ver en los evangelios, como Jesucristo deja manifiesto que viene a hacer la voluntad de su Padre: 

 Jn:5; 30 “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.Jn: 6; 38  Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Ahora, hagamos el ejercicio de cambiar la palabra voluntad por algunas acepciones de esta misma. 
  
No puedo yo hacer nada por mi mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi deseo, querer, propósito, deleite, sino el deseo, querer, propósito, deleite del que me envió. O también: Porque he descendido del cielo, no para hacer mi deseo, querer, propósito, deleite, sino el deseo, querer, propósito, deleite del que me envió.

 Pero volvamos al Génesis.  En el edén, Adán hacia la voluntad, es decir el deseo de Dios, pues, Dios mismo había introducido estos deseos o querer en Adán, recordemos que la voluntad de Dios en cuanto a Adán, está manifiesta en Génesis: 1; vs 26-31, estos versículos nos hablan de la finalidad de Adán, el no fue creado para llevar una vida distante y diferente de Dios, sino mas bien, fue creado con un propósito, el de cumplir con el deseo de Dios, estaba sujeto a términos que Dios había dispuesto, seria libre y estaría vivo mientras hiciera todo para lo cual fue creado, en esto, no había una doble opinión. Pero también comprendemos  a través de los siguientes capítulos de Génesis que Adán peco y la muerte llego a su vida, de esta forma, todos los hombres quedaron muertos en tinieblas a causa de su desobediencia Rom; 5:12, ahora, la humanidad, no puede sujetarse a Dios, Rm: 8; 5-8, pues piensa en los designios de la carne. Pero ¿Qué ocurrió con nosotros?, según Ef: 2; 1-10, Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, nos dio vida, pues estábamos muertos, pero más aun, seguíamos los DESEOS de la carne, y nos DELEITABAMOS en ellos Jn: 8; 44, es decir, QUERIAMOS hacer los deseos de Satanás. En esta realidad, no conocíamos otra voluntad, otro deseo, otro querer que el de Satanás, pues como ya sabemos estábamos ciegos, no podíamos ver nada más, no conocíamos la verdad de Dios ni su voluntad. Pero Cristo nos hizo libres de los deseo de la carne  Rm: 8; 9. 

 Esto nos debe llevar a comprender  lo siguiente: si en nosotros ya no hay deseos conforme a la carne, entonces ¿Qué deseos hay?

 Flp 2:13  porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Rom 12:2  No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
 Debemos conocer la voluntad de Dios. 

 Ef 5:17  Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

 Esta voluntad, debe estar sincronizada con lo que la Biblia nos manifiesta, no puede haber una voluntad o deseo distinto o personal, de lo contrario, no proviene de Dios, no comprender esto, es una locura o falta de entendimiento, es decir, una insensatez. No debemos olvidar  que el propósito eterno de Dios, es el origen de nuestra vida y el deseo de Dios desde el comienzo. 

 Ef 1:3  Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
 1:4  según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,  
1:5  en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,  
1:6  para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,  
1:7  en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (B) según las riquezas de su gracia,  
1:8  que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,  
1:9  dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,  
1:10  de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.  
1:11  En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,  
1:12  a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.  
1:13  En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,  
1:14  que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.  

Ahora, esta voluntad o deseo, nos lleva a lo siguiente: 

1Ts: 4; 3  pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación;

 Heb 10:10  En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

 Heb 13:21  os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 Es decir que la voluntad de Dios, está en nosotros, esta misma, nos santifica y nos permite hacer lo que agrada a Dios, a quien debe ser la gloria por siempre. 

 Stgo: 1:18  El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

 El fin de la voluntad de Dios, es que seamos hechos conforme a su hijo, pero, lo seremos, siendo arrastrados por su propio deseo, a fin de que vayamos siendo santificados en El, esto, a su vez, nos hará apartarnos de todo deseo del mundo o tinieblas, a quienes ya no pertenecemos. 

 1Jn 2:12  Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.
 2:13  Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.
 2:14  Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.
 2:15  No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él 
2:16  Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.  
2:17  Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 

 El deseo o voluntad que está en nosotros, es y debe ser AGRADAR A DIOS, anhelar ser transformados, ser quebrantados, provocados a madurez, guiados, gobernados por Dios, en fin, la voluntad de Dios, es que nuestra voluntad sea la de Él. Vivir o desear otra cosa distinta a su voluntad, es tinieblas, recuerden que fuimos hechos por la voluntad de Dios.
   
Jn 1:12  Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
1:13  los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

 La voluntad de Dios esta expresada en la vida de Jesucristo, en sus obras. Cuando él hablaba, no lo hacía de lo suyo, era por lo que el Padre le había dicho Jn; 12: 49-50, es decir, si Jesús decía que debían perdonar es porque Dios lo quería, y si Jesús decía que se debía perder la vida para hallarla, era porque el Padre lo quería. Ahora vemos que Jesús proclama la voluntad del Padre claramente, pero no es una voluntad centrada en los hombres, no fue así jamás, ni desde el génesis, la voluntad de Dios está centrada única y exclusivamente en El, la Biblia no nos muestra una novela para vivir, ni menos un cuento en que todo es risa y felicidad, Jesús le profetiza   y les muestra a sus discipulos el final en que terminarían sus vidas, y no es para nada alentador como lo vemos en Jn; 16: 1-4, esto no es algo que se quisiera vivir, pero aquí, hay un deseo o voluntad mayor, pues estos hombres serian quienes llevarían el evangelio a todas las naciones, ellos serian los primeros en morir, en llevar la misma vida de Cristo, y tal como Cristo, serian rechazados y menospreciados Jn; 15: 18-21.  Pero hoy, esto está muy distante de ser una realidad en la vida de aquellos que dicen ser hijos de Dios, cada cual interpreta la voluntad de Dios como mejor convenga, ¡pero cuidado!,  ignorar la verdadera voluntad de Dios es insensatez, locura, necedad, es no discernir la verdad del evangelio, es pecado, pues todo lo que no proviene de fe es decir de Dios, es pecado Rom; 14: 23.

 ¿Qué pretenden aquellos que viven un evangelio diluido en los deseos de los hombres?, hacen un mensaje híbrido  usan la salvación y redención para sus propios fines, un poco de lo que Dios quiere y otro de lo que ellos quieren, esta aleación, genera un mensaje diabólico humanista. Otra vez digo, insensatos  no conocen la voluntad de Dios, piensan que tienen argumentos para decidir sus propios objetivos, metas, sueños, esto es absurdo y necedad, Jesús dice en un momento de aflicción que si fuese posible no tomar la copa que había de beber, pero por sobre todo culmina su agónica frase diciendo mas no se haga mi voluntad si no la tuya Lc; 22: 42. Esta es la actitud que debe tener un autentico hijo de Dios, de alguien que fue verdaderamente comprado de la esclavitud, de quien fue regenerado, hecho de nuevo,  quien es guiado por el Espíritu, manifestando así ser genuino hijo de Dios Rom; 8: 14

Quienes no vivan en la única y autentica voluntad de Dios, están perdiendo el tiempo, tal vez estarán con sus conciencias tranquilas en la cautividad del engaño, pero están en un gran problema, no vivir la voluntad de Dios, es MUERTE, la voluntad de Dios no tiene que ver con cosas perecederas, ni humanas, no tiene que ver con lo del mundo, ni con el dinero, la verdadera voluntad es conocer a Jesucristo y tener vida eterna en El Jn; 6: 40, pero conocer a Jesucristo no es un simple discurso, es muerte, negación a sí mismo, es perder la vida, es renunciar a cosas que por muy hermosas que parezcan son meramente humanas, creer en Jesucristo es intimar con sus verdades, es ser uno solo con el evangelio maravilloso, es vivir la vida de Cristo, es estar crucificado a mí, muerto al mundo y el pecado, pero vivo para Dios por medio de Jesucristo, ¡aleluya!, es llevar cada día su bendita cruz. La voluntad de Dios en nosotros, hará que seamos como su Hijo, esto es verdadero, lo demás es parte de los engaños de las tinieblas. 

 Aun hay tiempo, arrepentíos de vuestra vana manera de vivir, sin fruto y sin vida.

  Gl; 6: 7-8. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segara. Porque el que siembra para su carne,  de la carne segará corrupción;  mas el que siembra para el Espíritu,  del Espíritu segará vida eterna.

                                                                                                                     Gabriel Barraza A.
                                                                                                                  Ministro del Evangelio. 

 

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