El término es amplio, ya sea en hebreo o en griego, hay muchas palabras refiriéndose a voluntad (hebreo, ratsòn, nadàb, kjafèst, kèfest, - griego, boùlema, boùlemai, boùle, jecòn), en ellas, se repiten algunas acepciones como: deseo, querer, deleite, propósito, entre otros.
Ahora, la Biblia nos muestra desde el principio, que Dios ha manifestado su voluntad a los hombres, desde Adán en adelante, siguiendo con Abel y Caín, , luego, Noé, Abraham, Jacob, y así hasta llegar a la manifestación de su Hijo, el Verbo hecho carne.
Podemos ver en los evangelios, como Jesucristo deja manifiesto que viene a hacer la voluntad de su Padre:
Jn:5; 30 “No puedo yo hacer nada por mí
mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad,
sino la voluntad del que me envió, la del Padre.Jn: 6; 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer
mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
No puedo yo hacer nada por mi
mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi deseo, querer, propósito, deleite, sino
el deseo, querer, propósito, deleite del que me envió. O
también: Porque he descendido del cielo, no para
hacer mi deseo, querer, propósito,
deleite, sino el deseo, querer, propósito, deleite del que me envió.
Esto nos debe llevar a comprender lo siguiente: si en nosotros ya no hay deseos
conforme a la carne, entonces ¿Qué deseos hay?
Flp 2:13
porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el
hacer, por su buena voluntad.
Ef 5:17 Por
tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del
Señor.
Ef 1:3
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo
con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
1:4
según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que
fuésemos santos y sin mancha delante de él,
1:5
en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por
medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,
1:6
para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en
el Amado,
1:7
en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (B)
según las riquezas de su gracia,
1:8
que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e
inteligencia,
1:9
dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su
beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,
1:10
de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento
de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la
tierra.
1:11
En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al
propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,
1:12
a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que
primeramente esperábamos en Cristo.
1:13
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio
de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el
Espíritu Santo de la promesa,
1:14
que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión
adquirida, para alabanza de su gloria.
Ahora, esta voluntad o deseo, nos lleva a lo
siguiente:
1Ts: 4; 3 pues la voluntad de Dios es vuestra
santificación; que os apartéis de fornicación;
Stgo: 1:18 El,
de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos
primicias de sus criaturas.
1Jn 2:12 Os escribo a vosotros, hijitos, porque
vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.
2:13
Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el
principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os
escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.
2:14 Os he escrito a vosotros, padres, porque
habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros,
jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y
habéis vencido al maligno.
2:15
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al
mundo, el amor del Padre no está en él
2:16
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los
deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del
mundo.
2:17
Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad
de Dios permanece para siempre.
El deseo o voluntad que está en nosotros, es y debe
ser AGRADAR A DIOS, anhelar ser
transformados, ser quebrantados, provocados a madurez, guiados, gobernados por
Dios, en fin, la voluntad de Dios, es que nuestra voluntad sea la de Él. Vivir o desear otra cosa distinta a su voluntad, es
tinieblas, recuerden que fuimos hechos por la voluntad de Dios.
Jn 1:12 Más
a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad
de ser hechos hijos de Dios;
1:13 los cuales no son
engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de
varón, sino de Dios.
Quienes no vivan en la única y autentica voluntad de Dios, están perdiendo el tiempo, tal vez estarán con sus conciencias tranquilas en la cautividad del engaño, pero están en un gran problema, no vivir la voluntad de Dios, es MUERTE, la voluntad de Dios no tiene que ver con cosas perecederas, ni humanas, no tiene que ver con lo del mundo, ni con el dinero, la verdadera voluntad es conocer a Jesucristo y tener vida eterna en El Jn; 6: 40, pero conocer a Jesucristo no es un simple discurso, es muerte, negación a sí mismo, es perder la vida, es renunciar a cosas que por muy hermosas que parezcan son meramente humanas, creer en Jesucristo es intimar con sus verdades, es ser uno solo con el evangelio maravilloso, es vivir la vida de Cristo, es estar crucificado a mí, muerto al mundo y el pecado, pero vivo para Dios por medio de Jesucristo, ¡aleluya!, es llevar cada día su bendita cruz. La voluntad de Dios en nosotros, hará que seamos como su Hijo, esto es verdadero, lo demás es parte de los engaños de las tinieblas.
Aun hay tiempo, arrepentíos de vuestra vana manera de
vivir, sin fruto y sin vida.
Gl; 6: 7-8. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segara. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
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